
Vale, se que lo que voy a decir les va a sentar mal a más de algún amigo que no ve más allá de su cuenta corriente. Pero no me gusta la subvención de los 2.500 euros por hijo. Porque de entrada no creo que nadie se anime a tener un hijo por una paga extraordinaria. Y partiendo de que la medida no provoca los efectos buscados, creo menos en sus consecuencias positivas.
Una subvención indiscriminada como esta beneficia incluso a Patricia Botín y su marido. ¿De verdad creen que el Estado debe dar 2.500 euros por hijo a los millonarios mientras un indigente no tiene para comer?. Yo creo que no. Y para mí que Patricia Botín tampoco.

Además la paga de los 2.500 no garantiza su uso adecuado. ¿Quién me dice que esos 2.500 euros se van a gastar en pañales y no en una televisión gigante de pantalla plana?. A mí, que no me puedo comprar un pantalla de esas, me fastidiaría comprobar como alguien tiene un hijo y renueva su salón. Porque esto sería algo que, a mi parecer, pervertiría el objetivo de la subvención, que creo es ayudar a mantener a un crío, no a mejorar el nivel de vida.
Sin mencionar las repercusiones que tienen estas ayudas directas en la subida de los pr

ecios. ¿O acaso creen que los fabricantes de pañales no piensan en los 2.500 euros líquidos que tienen de repente los nuevos papás y mamás?. Me imagino que piensan: seguro que por cinco centimicos nadie se va a dar cuenta... o diez más...
¿Por qué no se invierte ese dinero en pagar los libros de la educación de los chavales?. ¿O por qué no se crea una línea de ayudas para la guardería?. Actuaciones, en definitiva, destinadas a proporcionar un bienestar similar a todos es la tarea del Estado. Unos servicios mínimos de los que nos aprovechemos todos. Y quien quiera más, que se lo pague ¿no?. Hasta ahora la cosa ha ido bien así y tenemos educación y sanidad pública. Y es mejorable. Así que más inversión y menos subvención.