En estas largas vacaciones, que por cierto están a punto de acabar, me ha dado por una nueva actividad: la de la figuración. Esto consiste, básicamente, en hacer bulto en las series y, en ocasiones, participar activamente en la escena, es decir, hacer bulto pero con un papel más destacado. Este ha sido el caso de mi última figuración, para la serie 'El Comisario'. Acompañado por mi amigo Ignacio, no sólo me enfundé en un traje de GEO sino que, además, fuímos aleccionados por miembros reales de esta unidad. Así, aprendí cómo coger un subfusil y a como moverme en un operativo. La experiencia fue más que interesante. He aquí estas imágenes que dan fé de ella... ¿Me quedan bien los uniformes?...
Por cierto que, entre toma y toma, nos fuímos a tomar un café a un bar y un señor le pidió consejo a Ignacio sobre su D.N.I. ¿Os imagináis que juego daría tener un traje de estos a diario?.
En estos últimos días he participado de forma intensa (según mi madre intensísima) de una de las expresiones populares más arraigadas en la sociedad rural: unas fiestas patronales. Y es que unas fiestas de pueblo son mucho más que lo inmediato, es decir las peñas, las verbenas, el alcohol, los ligues... Además suponen un factor decisivo de convivencia y de comprensión entre los pueblos. No es que seamos muy conscientes de estar participando de algo así, pero sí, si lo racionalizamos es eso, y no lo que otros se empeñan en simplificar como ocio desmadrado (que también).
Total, que sigo alegrándome de que, aunque las cosas vayan cambiando con los años y en mis cuadrillas tenga más mocosillos alrededor y otras responsabilidades en la vida, sigamos disfrutando de las fiestas del pueblo casi como antaño.
Aunque este año hemos contado con un colaborador especial, para desgracia del vecino de la peña. Se trata de un megáfono, vehículo esencial para transmitir a la multitud tu alegría e intentar contagiarla de ella. En las fiestas de masas se agradecen estos inventos dirigidos a las masas. Lo hemos pasado bien y creo que los que han estado alrededor se lo han pasado bien también (excepto, repito, el vecino, que ha venido a llamarnos la atención como cuando éramos críos). Llevaba todo el verano viendo los megáfonos en manos de otros y tenerlo estos días, casi en sociedad con el amigo Santi, ha sido una gozada... Si es que soy un comunicador nato (para desgracia del vecino).
Se dice que la canción de este verano (aunque en esta ocasión la cosa no está muy clara) es la de los micrófonos. Nosotros la elegimos para la grabación de nuestro megáfono y, sin duda, fuímos el alma de la fiesta. Claro que, en lugar de los micrófonos, la 'Golosa' esta debería gritar 'los megáfonos', los verdaderos protagonistas de las fiestas del verano. Aún así, guardo tributo a la canción que tantos buenos momentos nos ha dado en los últimos días (para esto sirven las canciones del verano) dejando aquí el vídeo. Que por cierto, nunca me había parado a escuchar, la oía, pero no la escuchaba... ¡Y joeer que sexual!.
Hace tiempo descubrí, en el 'Dinópolis' de Teruel, al último eslabón de mi cadena evolutiva. Hoy, mientras buscaba en Google la entrada a este blog, volvió a aparecer. Si ya es curioso que un dinosaurio se llame como tú: 'Albertosaurus', más lo es que encima tenga tu mismo apellido: 'Libratus'. ¿A que era majo?... y poderoso. Más información gracias a 'Wikipedia': Albertosaurus es un género de dinosaurio terópodo tiranosáurido que vivió en el oeste de Norteamérica durante finales del período Cretácico, hace más de 70 millones de años. En 1913, el paleontólogo Charles Hazelius Sternberg descubrió otro esqueleto de tiranosáurido en unos sedimentos algo más antiguos situados en Alberta. Este dinosaurio fue nombrado como Gorgosaurus libratus en 1914 por Lawrence Lambe.[10] Al haber hallado unas pocas diferencias para separar los dos géneros, Dale Russell declaró al Gorgosaurus un sinónimo de Albertosaurus en 1970, creando la nueva combinación Albertosaurus libratus. Este hecho dio lugar a la ampliación del rango temporal (varios millones de años atrás) y del rango geográfico (cientos de km hacia el Sur) de este género.
Madrid no deja de sorprenderme. Mi último descubrimiento han sido las fiestas de verano. Los barrios madrileños salen a la calle y, olvidando absurdas prohibiciones, disfrutan del espacio urbano en una expresión festiva. En estos últimos días he disfrutado de las fiestas de Lavapiés y de La Paloma, ésta en el barrio más castizo, el de La Latina. ¡Y que bien me lo he pasado!. Maribel, Elisa y Charly me acompañaron ayer en una noche que de nuevo debía haber acabado antes de la 1.30 de la madrugada, con el último metro de la noche, y que, como siempre, acabó casi a las seis de la mañana. Señal de que me lo pasé muy bien... Incluso tengo los datos de una Asociación Castiza, que promete un sinfín de actividades durante el año. No descarto, el año que viene, ir vestido de chulapo y bailar un chotis sin salirme de la baldosa... De momento ya estoy practicando en casa con este vídeo que me he bajado de 'Youtube'.
Por cierto que, cuando estás por ahí de fiesta, siempre te descubren algún que otro enlace nuevo en el 'Youtube' con el que reirte sin parar. De hecho, si te ríes tanto como lo hacen tus compañeros de noche cuando te lo cuentan, merecerá la pena verlo. Ayer Julia, una amiga de Charly, me contó la historia de Préxades. Una burrada, me dijo. Pero no sé que tienen las burradas como estás que producen momentos de hilaridad. Aquí lo dejo, para disfrutarlo.
Hoy recomiendo una película: 'Crash'. Pero no esa 'Crash' que ganó el 'Oscar' a la mejor película en el 2006, sino el 'Crash' de Cronenberg, de diez años antes. Como todas las películas de este director, es una propuesta compleja en la que encontramos todas sus habituales obsesiones: transformación corporal, mentes atormentadas y confundidas, traumatismos y viscosidades varias... Eso sí, en mucha menor medida que en otras de sus películas.
'Crash' es la historia de una adicción, de cómo la vida de una matrimonio, que ya sufre de una inexplicable insatisfacción con todo lo que le rodea, sufre un giro tras un accidente de tráfico y la aparición de unos extraños personajes a su alrededor.
A partir de entonces descubrirán que la ansiedad ante el volante, el riesgo de la conducción, los accidentes y sus consecuencias, la chapa retorcida y los radiadores expulsando vapor, tienen sobre ellos una poderosa atracción y un apasionante efecto afrodisíaco. La energía que se libera tras un choque en la carretera, las cicatrices como testigos de un accidente y el coqueteo con la muerte se convierte para ellos en una obsesión.
Muchos de los que la han visto conmigo no la han aguantado o la han considerado extraña. Pero lo que no han negado es su poder de atracción... Yo la recomiendo.
Llevaba casi un día completo por mi estudio alquilado de Madrid cuando repare que, sobre una estantería, justo delante del vinilo de Olé Olé que me regaló Astrakus, había una reproducción de la Torre Eiffel de París. La sorpresa fue mayor cuando, después de manipular la susodicha, descubrí que se transformaba adquiriendo diferentes colores. Enseguida me dí cuenta de que aquella aparición debía ser fruto de mis queridísimos Jaime y Fer, que cada vez que pasan por casa dejan un regalito. Es que estos chicos, aunque saben de sobra que no hace falta, quedan siempre muy bien. Y a mí me conquistan el corazoncito con estos detalles. De hecho casi me han hecho completa la colección de 'El Ala Oeste de la Casa Blanca'. ¡Que majos!.