domingo, 20 de abril de 2014

Ocho apellidos vascos


Muchos están intentando explicar estos días el sorprendente éxito de la película ‘Ocho apellidos vascos’, que está batiendo todos los récords de recaudación de una película rodada en español y con actores de la tierra. No creo que haya algún factor nuevo o impredecible. Estoy convencido de que más bien fueron los deméritos o las prioridades de los responsables de la industria del cine español los que provocaron durante mucho tiempo un divorcio que hoy parece superado.

Porque, para empezar, el éxito de la película de Emilio Martínez Lázaro -por otro lado uno de los directores que casi siempre han sabido dar con el favor de la gente en mayor o menor medida- no es algo aislado. Quizá ha sido el más grande y escandaloso, pero no el único. Sin ir más lejos, el año pasado otras tres comedias españolas alcanzaron el número uno en recaudación sin hacer tanto ruido pero con el mismo mérito. ‘Tres bodas de más’, ‘Las brujas de Zugarramurdi’ o ‘La gran familia española’ demostraron que había un hueco para el cine propio en la cartelera.

Tan sólo se trata de responder a los gustos probados de un espectador que hasta ahora no encontraba en el cine de aquí los mismos contenidos que en el que venía de fuera. En el momento en el que hemos sido capaces de atender con solvencia a las fórmulas del éxito universales, el público ha respondido.


Pero hay otro factor que no debemos obviar: la importancia de una buena promoción. Un aspecto históricamente poco atendido en la industria de aquí que hacía que la gente no fuera a ver cine español principalmente porque no sabía que había películas nuevas en cartel. Pero desde que los grandes grupos de comunicación han creado, casi obligados por ley, sus propias divisiones cinematográficas, la promoción ha recibido un fuerte impulso en las principales plataformas televisivas. Y eso se ha notado. Especialmente si se acierta en la forma de hacer esa promoción, como es el caso de ‘8 apellidos vascos'.


Clemente no es un apellido vasco, que disgusto se va a llevar el padre

4 comentarios:

maribel dijo...

Desde luego, es sorprendente el papel de la promoción, pero no la industria sino del boca oreja. No crees que acciones como la fiesta del cine están reconciliando al público con las salas y por extensión, con las cintas estatales? por cierto, a ti te gustó la peli?

ddecast dijo...

Buen análisis, Alberto

Unknown dijo...

Maribel: Por supuesto que todo ayuda y que el boca oreja funciona, pero no creo que sea un factor fundamental en los niveles a los que ha llegado esta película. El boca oreja es más el factor del éxito de películas pequeñas con poca promoción que arrancan tímidamente pero que con las semanas van superando sus expectativas y en lugar de 1 hacen 3. Pero no creo que sea determinante en una película que el primer fin de semana ya bate récords.
Y respecto a la fiesta del cine, ha habido otros momentos en los que las salas de cine español han seguido sin llenarse pese a las rebajas.
A mi la peli me pareció correcta, sin más. Y el humor demasiado simple en algunos momentos. Pero la idea es muy buena.
ddecast: gracias

maribel dijo...

Estoy contigo, correcta. ;-)